viernes, 17 de enero de 2014

Máximo Beltrán - fragmentos autobiografcos para un proyecto literario. RELATO 2

2.-
La carta que me entrego la madre de Rodrigo, siete meses después, en el mes de julio, supongo, después he tratado de hilar estos actos con ternura, ella también quería cerrar su ciclo; porque algo tiene el tiempo es que cicatriza, y zurce cualquier herida. La carta escrita en un papel de carta, de esos con líneas, que ya no existen, escrito a mano con un lápiz azúl, decía; “debi conocerte antes, en otra época, con otro lenguaje, con otra ropa y con otro sexo, no debo arruinar lo diseñado por la creación, agradezco a dios porque apareciste en mi vida, he tratado de llevar virtuosamente esta relación amado amigo, tu lo sabes o te haces el desentendido y no me entiendes y ya no puedo más, perdóname . Rodrigo.

Antes, con su madre nos encontrábamos, y era inevitable en este Chillan tan chico, ella esquivaba mi miraba y no pretendía mi saludo, derechamente me esquivaba, y yo no lo entendía, quería descubrir que pasaba…

Un día recibí una llamada, quería encontrarse conmigo en el cementerio, en la tumba de Rodrigo, la misma que hoy no he encontrado y que me ha provocado a escribir esta historia; el encuentro fue extraño, recuerdo que ella vestía de negro, estaba delgada, muy delgada, casi no la reconocí dentro de ese ropaje suelto que se movía por el frio viento de julio. Sus manos huesudas dejaban ver su grotesco anillo, que supongo nunca se lo sacaba, porque era la única que la ataba a su glorioso pasado.

Toma, esto es tuyo; esa frase me golpea hasta el día de hoy; carta que simbólicamente en su tiempo no entendí y que hoy saco del recuerdo para releerla de nuevo en este Chillan afiebrado de calor con 38 grados. Al pasarme el papel, que acusaba haber sido arrugado, se puso a llorar y a gritar, me abrazó y me pegaba, pero no para agredirme, sino para simbolizar una agresión que nunca era agresión, quizás quería abrazar a su hijo; me apretaba y se ahogaba,, no sabía que hacer….ella lloraba, con ese llanto silencioso y seco, ese que ya no tiene lágrimas.

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